Caballeros del Traverso

Juan Jesús Silguero, artista YAMAHA

Compartimos la entrevista a Juan Jesús Silguero desde YAMAHA, que podéis leer también en este enlace: https://es.yamaha.com/es/artists/j/juan_jesus_silguero.html

Fundador de la “Orquesta de Flautas de Euskal Herria” y miembro fundador del “Quinteto de Viento Jesús Arámbarri”

Hoy por hoy, el mediático flautista compagina su profesión con eventos lúdicos donde el valor de la amistad fraternal, el placer de hacer música y la solidaridad forman un férreo trípode y esto es asi desde hace doce años cuando crea la “Orden de Los Caballeros del Traverso”, orden que él mismo funda y que congrega a los flautistas más prestigiosos y significativos de España con el único ánimo de compartir música y renovar abrazos. Esta Orden de Caballería ya ha sido reconocida en medio mundo y trascendido a nivel internacional por su singularidad y la calidad artística de sus miembros.

La actividad musical de Juan Jesus Silguero no se limita a la gran agrupación, sino que también disfruta como concertista solista o en grupos de cámara dentro y fuera del territorio español ademas de otras inquietudes artisticas algunas de ellas reflejadas en esta entrevista :

¿Qué tipo de músico es Juan Jesús Silguero?

Me considero una persona de lo más normal, no voy a decir nada que suene a elitista para quedar bien en la entrevista. Soy maniático con la puntualidad, quizá lo sea por mi profesión. Soy perfeccionista, lo necesito para sentirme bien. Soy trabajador y perseverante, es necesario si buscas la excelencia. Soy buen compañero y facilitador de las conexiones necesarias para que la música en grupo funcione. Soy un creador nato, me gusta arriesgar y explorar mis límites y sobre todo y aunque parezca pretencioso, soy humilde y vergonzoso por naturaleza, pero me creo escudos para disimular mis defectos.

¿Qué es lo que más disfrutas de tu trabajo diario?

Uno de los momentos más especiales de cada día es cuando llego a mi lugar de trabajo y monto mi instrumento. Me tomo mi tiempo, lo trato con suavidad pero con firmeza a su vez, lo acaricio y lo huelo; para mí es muy importante agudizar todos mis sentidos cada vez que armo mi flauta, ya que el tacto, el olfato y el oído son esenciales cuando tocas un instrumento. Tengo una relación muy personal con mi instrumento y los primeros momentos de contacto con mi flauta van a determinar mi confort durante el resto del día. ¿A que no te imaginabas una respuesta así?

Poner cada poro de tu piel al servicio de tus sentidos es una experiencia inigualable. Lo demás, viene solo.

¿Tus proyectos actuales y de un futuro próximo?

Aparte de la temporada de conciertos en el Palacio Euskalduna con la Banda Municipal de Bilbao, que por cierto, este año se adivina intensa porque cumplimos 125 años de su fundación, tengo varios conciertos de cámara con el Quinteto de Viento “Ventus sine Nomine” en Barcelona, Burgos, Valencia y Bilbao.

Estoy preparando la grabación de un CD junto a Horacio Parravicini, flauta solista de la Orquesta Sinfónica de Bilbao. Al igual que el año pasado, tengo un par de conciertos en Agosto en Italia, en el festival “Le Altre Note”, que se celebra en el Valle de Valtellina y que organizan los hermanos Francesco y Stefano Parrino, un festival ya consolidado y que cuenta con más de 45 conciertos en su temporada. Y cómo no, la preparación de nuestro 12°+1 “Encuentro de Los Caballeros del Traverso” que celebraremos una vez más en Caleruega del 25 al 27 de septiembre.

¿Cuál es tu modelo de flauta y por qué elegiste Yamaha?

Actualmente toco con una flauta Yamaha en madera modelo 874W. Pero yo no elegí esa flauta, ella me eligió a mí, que es muy diferente.

Entiendo que los músicos solemos ser excesivamente maniáticos a la hora de elegir nuestro instrumento y que siempre andamos buscando algo que nos llame la atención. He estado en numerosas convenciones y exposiciones de flautas y siempre me ha dado pereza probar una flauta porque creo que, hoy en día, todos los instrumentos están bien hechos, hay muy poco margen de error y por tanto, no siento curiosidad por probar un nuevo instrumento porque más o menos sé que todos me van a gustar.

Fue, no obstante, en un Encuentro de Los Caballeros del Traverso donde vi por primera vez la flauta que tengo ahora, pues Yamaha lleva con nosotros exponiendo sus instrumentos más de seis años, ya que es nuestro principal patrocinador.

Fue cogerla y enamorarme de ella. ¡Para que luego digan que no existe el amor a primera vista!

Me sedujo su tacto, su olor, su textura, su dulzura, su mecanismo suave pero a la vez preciso; todo, fue una inmersión en las profundidades de ese instrumento al que enseguida le adjudiqué el calificativo de “caliente”, y el calor es sinónimo de vida. Y eso es lo que llamó mi atención de esa flauta: que tenía vida propia y yo sólo tenía que exhalar mi aliento para que la vida surgiera a través de las notas de mi flauta.

¿Nos cuentas alguna anécdota en concierto, estudio…?

Pues sí, dando un concierto didáctico con un trío de cámara en el Penal del Dueso para la población reclusa, mientras tocábamos, se acercó un preso por el pasillo casi gritando y, señalando al fagot, nos dijo: “¡Cómo mola ese bazooka rojo, como mola y qué bien suena!” Qué miedo pasamos en ese momento, no sabíamos qué nos iba a decir.

En una gira por Japón con la Orquesta Sinfónica de Bilbao, debido al jet lag, estábamos tocando el Bolero de Ravel y el flauta solista después de tocar su solo se quedó dormido mientras yo hacía el acompañamiento. Un compás antes de terminar yo, le miro para que vuelva a coger él el ritmo y seguía dormido. Tuve que seguir yo con su parte mientras le daba patadas con el pie para que despertara. Tardó un rato en reaccionar.

Tocando un recital con clave en una iglesia de Burgos, al dar la vuelta a la hoja en el último movimiento de la sonata me doy cuenta de que me faltaba una página. Yo seguí como si nada, tocando lo que recordaba e inventado alguna que otra cosilla, con lo que al final, conseguí una versión mejorada de aquella sonata de Haendel, je je.

Un día olvidé los zapatos de concierto y toqué en calcetines. Entre tanto músico, supongo que nadie del público se daría cuenta, vamos, digo yo.