Caballeros del Traverso

Undine en la literatura y en la música, por Antonio Arias-Gago del Molino

En la literatura centroeuropea, uno de los personajes que aparecen con una cierta frecuencia son las mujeres que habitan el mundo de las aguas. Naturalmente, hacemos referencia al mundo del mito y de la leyenda, entroncados con el género del cuento. Se trata de un conjunto de seres entre los que encontramos a ninfas, náyades, ondinas, sirenas, etc. En la mitología germánica, el agua se asocia al destino humano. Así, las diosas del Destino vivían en la fuente de Urd, con cuyo agua regaban el árbol del mundo. Los orígenes de tales personajes se pierden en la antigüedad. Los babilonios adoraban a un ser medio pez medio humano, el dios Oannas, origen de todas las cosas. Con Derceto aparece la primera deidad femenina con cola de pez; era una diosa-sirenita de la luna. Los autores Diodoro de Sicilia (siglo I a. de C.) y Luciano (siglo II d. de C.) mencionan a estos seres. Análogamente, hallamos en Oriente dioses similares tanto en la mitología hindú (Vishnú) como en las creencias chinas y japonesas. Regresando a Europa, la mitología griega rebosa de seres acuáticos como Nereo, futuro Poseidón, y su hijo Tritón. Poseidón era igualmente padre de las nereidas y ninfas del mar o sirenas. De su seducción nos habla Ulises y Homero glosa la belleza irresistible de sus cantos.

La herencia de esta tradición reaparece en la literatura popular y cuentística centroeuropea. De una forma general las ondinas son habitantes del agua dulce de manantiales, lagos y ríos. Es rasgo característico de su personalidad su vocación seductora junto a la inexorable muerte a la que conducen al seducido. No faltan los estudios que relacionan ritos de adoración pagana con el culto cristiano en el que quedaban paulatinamente asimilados. La sirena es durante la Edad Media un motivo frecuentemente representado en capiteles, sillerías de coro, etc. a modo de alusión a la tentación y a la perdición. Por su parte, Paracelso describe a las ninfas y su relación con los hombres en su obra Liber Nymphis. El ilustre médico no solamente cree firmemente en su existencia sino que defiende su creación divina y su papel benéfico. Explica que solamente pueden conseguir el alma de la cual carecen casándose con un hombre mortal.

Con la llegada de las ideas racionalistas, las antiguas creencias van a perder vigencia, pero las supersticiones populares continuarán aún alimentando mitos como éste. Por su parte, la literatura encuentra entre las ideas medievales una de sus fuentes de inspiración. Así Hans Christian Andersen (1805-1875) escribió su famoso cuento “La sirenita" (1835) y Frédéric de la Motte-Fouqué (1777-1843) su “Undine". Ambos se basan en la trama argumental de Paracelso y ambos relatos dieron lugar a varias obras musicales. El cuento de Andersen fue la base de la ópera “Rusalka" de Anton Dvorák y el de de La Motte-Fouqué dio origen a la ópera “Undine" de Albert Lortzing (1801-1851) y a la sonata para flauta y piano con idéntico título del compositor Carl Reinecke (1824-1910), cuya vida resumiremos brevemente a continuación. Debemos además reseñar una ópera sobre Undine compuesta por el gran pianista francés Pierre Sancan (1916) y las “Trois Chansons de la Petite Sirène" (1926) de Arthur Honegger (1892-1955).

Nacido en Altona el 23 de junio de 1824, Reinecke fue célebre no solamente como compositor sino como director de orquesta y como pedagogo. En el transcurso de sus numerosos viajes, trabó amistad con Mendelssohn y Schumann. Actuó con gran éxito por Alemania, Dinamarca y Suecia. Fue nombrado pianista de la Corte de Cristian VIII de Dinamarca. Después de una estancia en París, fue nombrado profesor del Conservatorio de Colonia en 1851, antes de dirigir la orquesta de la Gewandhaus de Leipzig desde 1860 hasta 1895. Vivió en la citada ciudad desde 1860 hasta su muerte, acaecida el 10 de marzo de 1910. Enseñó y fue Director del Conservatorio de Leipzig. Tuvo alumnos de la talla de Grieg, Riemann, Sinding, Svendsen, Weingartner y Wegelius (futuro profesor de Sibelius). A su actividad musical hay que añadir que era un pintor y escritor de calidad.

Compuso unas 300 obras en las que se evidencia su admiración por los clásicos, por Mendelssohn, Schumann, Brahms y por el primer Wagner. En esta línea se sitúan las cadencias que compuso para el concierto para flauta y arpa de Mozart. Se le ha reprochado una cierta falta de un lenguaje personal más acorde con la estética de su tiempo, característica de la que se mostraba consciente. Pero no es menos cierto que poseyó una extraordinaria técnica de compositor y que parece comprensible que quien conoció y admiró a los grandes genios del Romanticismo difícilmente podía sustraerse a su influencia.

Es autor de 4 conciertos para piano, conciertos para flauta, para violoncello y para arpa, abundante obra pianística, música de cámara, 4 óperas, tres sinfonías, oberturas, música sacra, lieder, etc. Le debemos algunas de las obras para flauta más importantes de la estética romántica, tales como la Sonata “Undine" Op. 167, la Balada Op. 288 y el concierto Op. 283. Si los musicólogos les reprochan un cierto desfase con relación a su época, los flautistas profesamos por estas obras un gran afecto y por su autor una profunda gratitud.

La Sonata “Undine"

Como ya se ha comentado, la Edad Media suscitaba durante el período romántico un interés que encontramos plasmado en obras arquitectónicas, literarias y musicales. Los relatos de caballería, canciones de gesta, poemas heroicos y leyendas medievales cobraron un interés renovado en el mundo artístico.

El mito de la ninfa Undine o del amor imposible es un tema ya antiguo. El escritor Frédéric-Henri-Charles, barón de la Motte-Fouqué, alemán de origen francés, buscó la fuente de su inspiración literaria en la Edad Media, por la que sentía una gran atracción. “Undine" fue publicado por primera vez en 1811 en alemán. La obra se encuentra entre el cuento y la novela. Es rica en delicadas descripciones, en un ambiente nostálgico y evocador junto a un bien dosificado sentimentalismo. Como cabía esperar de la estética romántica su final dista mucho de ser alegre.

Aunque lo que sigue no es propio de ser contado sino de ser escuchado, es obligado comentar algunos rasgos de la sonata, en la que Reinecke consigue crear desde el comienzo un “ambiente acuático" sugerido por los ondulantes arpegios del primer tema y por los diseños arremolinados que presiden el Allegro inicial. No faltan momentos de tensión desafiante. Sigue un Intermezzo, en el que la agitación e inquietud suscitada en el mundo acuático por el amor de Undine y el caballero se alternan con 2 episodios: el primero a cargo del piano, en el que el amor parece indiferente a la angustia, otro en el que surge un nuevo tema, de carácter dulce y tierno, que solamente reaparecerá en la frase final de la obra, a modo de leitmotiv de la ondina. En el Andante tranquillo, Reinecke nos devuelve al idilio de la pareja, con un caracter amoroso que repentinamente viene a interrumpir una breve pero amenazante sección Molto vivace, a modo de trágico presentimiento antes de regresar al ambiente tranquilo con que concluye el movimiento. En el final, Allegro molto agitato ed appassionato, quasi Presto, se dan cita el amor y la ya presentida tragedia, como cumpliendo con una predestinada maldición. Sorprendentemente en una sonata romántica, cuyo final suele ser muy brillante y virtuosístico, al climax sucede la calma que conduce a la reaparición del mencionado leitmotiv en matizppp, como en un emotivo y enigmático adiós.

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