Caballeros del Traverso

La flauta en la gran pantalla, por Daniel Portillo

Desde sus inicios, el cine ha contado con la música como compañera inseparable. Para los cineastas resulta difícil prescindir de una ayuda tan valiosa. Sin embargo no es tan habitual que el cine piense en la música como inspiración temática. Tal vez la dificultad de observar la música a través de la cámara, mezclando dos artes tan complejos en sí mismos, sea el motivo de que los espectadores debamos esperar a veces durante años para disfrutar de alguna película de calidad, que trate de algún compositor, de algún intérprete, de algún instrumento musical, etc.

Pero cuando se consiguen salvar estas dificultades, el resultado puede ser maravilloso. Este es el caso de películas como Amadeus (Milos Forman), El Pianista (Roman Polanski), Acordes y Desacuerdos (Woody Allen), Todas las Mañanas del Mundo (Alain Corneau), El Violín Rojo (François Girard), Amor Inmortal (Bernard Rose), La Pianista (Michael Haneke), Calle 54 (Fernando Trueba), o Flamenco (Carlos Saura), que logran adentrarse en la música a través de géneros tan distintos como el drama, el suspense o el documental.

La flauta travesera también ha despertado el interés de algún que otro director, y han sido varias las películas que a lo largo de los últimos tiempos han retratado, de alguna forma, el particular universo de la flauta y de los flautistas. Estas producciones invitan a reflexionar, a través de la mirada de sus directores, sobre diferentes aspectos del instrumento, como la historia, la interpretación, el repertorio o la pedagogía.

De entre esta filmografía, hay tres títulos especialmente interesantes por su acercamiento a la flauta, que sin llegar a ser el tema principal, ocupa un lugar importante en las tres producciones.

Mi nombre es Bach (Alemania-Suiza, 2003) trata el encuentro entre Juan Sebastián Bach y el rey Federico II de Prusia, fruto de la visita que el compositor hace a su hijo Carl Philipp Emanuel, con motivo del nacimiento de su primogénito. Carl Philipp se encuentra en Potsdam, trabajando como clavecinista al servicio del rey Federico II “El Grande”. El monarca, gran aficionado a la flauta, pronto requerirá la presencia del Maestro Bach en su corte. Durante unos días, el pulso que ambos mantendrán trascenderá el plano musical y agitará el frágil equilibrio de la vida en palacio. Las diferentes concepciones musicales de Juan Sebastián Bach, Carl Philip Emanuel Bach, Wilhelm Friedemann Bach, Quantz y también el Rey Federico y su hermana la Princesa Amalia, propiciará un encuentro musical de gran altura, fruto del cual Bach compone la extraordinaria Ofrenda Musical como regalo al rey.

Todas estas personalidades musicales han pasado a la historia de la flauta por méritos propios: Juan Sebastián Bach y sus hijos, figuras clave de la historia de la música, escribieron algunas de las más importantes obras del repertorio de la flauta travesera. Quantz fue uno de los más destacados flautistas y profesores de la época, impulsó la mecanización y evolución de la flauta y escribió un amplio catálogo de obras para el instrumento, algunas de carácter pedagógico (su Método es uno de los más valorados del siglo XVIII). El rey Federico fue flautista aficionado, compuso una gran cantidad de obras para flauta y desempeñó un importante papel como “mecenas” de este instrumento. La princesa Amalia contribuyó a la conservación y difusión de muchas de las obras de estos compositores.

Mi nombre es Bach toma como escenario la considerada edad de oro de la flauta travesera. El siglo XVIII supuso una revolución para la flauta. Tras la difusión de la flauta barroca, inventada por la familia Hotteterre, la flauta ganó adeptos, y la mayoría de los grandes compositores de la época escribieron para el instrumento. Mi nombre es Bach resulta una emocionante lección sobre historia de la flauta y de la música, donde poder aprender cómo eran y cómo se tocaban las flautas de la época, como vivían los músicos, o cómo convivían estilos y gustos musicales diferentes.

Hilary y Jackie (Gran Bretaña, 1998) trata la exitosa carrera musical de la conocida violonchelista Jacqueline du Pré, al tiempo que indaga en su tortuosa vida personal y familiar. Desde pequeñas, las inseparables hermanas du Pré comienzan juntas los estudios de música. En un principio, Hillary destaca más con la flauta que Jackie con el cello. Pero poco a poco, a base de sacrificio Jackie comienza a ganar premios y a ser más valorada que su hermana. Sin embargo, Hillary abandonará una carrera llena de dificultades y frustraciones en beneficio de una vida familiar más tranquila, mientras que Jackie se hará un nombre en la música a costa de insalvables sacrificios personales.

Hilary y Jackie supone el pretexto ideal para reflexionar sobre la dureza de la música, desde el aprendizaje hasta el desarrollo de una carrera profesional.

En Foreign Moon (Gran Bretaña-Hong Kong, 1995) una joven oriental viaja a Londres con el propósito de continuar allí sus estudios de flauta. Toda esta ilusión se transformará en decepción, conforme se enfrente a las dificultades propias del inmigrante, y compruebe que debe olvidar su gran sueño para poder subsistir en un mundo lleno de dificultades e injusticias. Foreign Moon plantea la inmigración de los músicos en busca de aprendizaje y oportunidades, habitual desde hace varios siglos, y que hoy en día está en plena vigencia. En los últimos años, en España muchos músicos se han trasladado a otros países con la esperanza de perfeccionarse como músicos y de encontrar oportunidades laborales.

La belleza y el encanto de combinar música y cine con acierto más allá de la habitual banda sonora, es una gran fuente para el deleite y el conocimiento, especialmente de melómanos, y de estudiantes y profesionales de la música. Seguiremos esperando con ilusión la llegada de nuevas películas, donde la música traspase lo sonoro para clavarse en nuestra retina.

     Daniel Portillo